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Trompeta y guantes
Me encantaba nadar y me encantaba el boxeo. Siguen siendo mis deportes favoritos. Nadaba siempre que podía, y sigo nadando siempre que puedo ahora. Pero el boxeo era y es mi pasión. Me encanta, lo es todo. No puedo explicar por qué. Tío, estaba allí escuchando las peleas de Joe Louis con todos los demás. Nos agolpábamos alrededor de la radio esperando a que el locutor describiera a nuestro Joe noqueando a algún maldito oponente. Y cuando lo hacía, ¡maldita sea!, toda la comunidad negra de East St. Louis se volvía loca, celebrando en las calles, bebiendo, bailando y armando un escándalo enorme. Pero era un escándalo de alegría. Joe Louis era el mejor.
Miles Davis. Quince Troupe. Miles. The Autobiography. Simon and Schuster. 1989
Rodolfo Meléndez Sánchez Nina Simone, en 1965, creó uno de los discos más importantes de la historia del jazz o, como ella decía, de la “música clásica negra”. Un trabajo espiritual en el que abordaba todos los dolores, penas y…
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Rodolfo Meléndez Sánchez Robert Glasper no llegó al jazz como un visitante ocasional. Creció dentro del sonido. Su madre, Kim Yvette Glasper, cantante profesional de jazz y blues, lo llevaba a los clubes como parte del equipaje cotidiano. No había…
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Después de haber abordado con maestría la compleja vida de Frank Sinatra, el biógrafo James Kaplan (1951) ha posado su…
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En las calles abiertas de Estados Unidos, durante la segunda mitad del siglo pasado, un hombre caminaba con una cámara colgada al cuello. William Claxton nació en Pasadena en 1927 y entendió pronto que la música necesitaba un testigo. No buscaba espectáculo, pero sí mucha presencia. Murió en 2008, dejando un archivo que todavía luce vigente.
En los años cincuenta comenzó a frecuentar clubes donde el humo se mezclaba con notas largas y conversaciones breves. Fotografió a Chet Baker cuando el rostro del trompetista parecía suspendido en una melodía que nadie más oía. Registró a Charlie Parker en momentos de concentración absoluta. Observó a Billie Holiday bajo luces que caían como una sentencia. También encuadró a Duke Ellington y a Miles Davis cuando el escenario se convertía en territorio privado.
Su método era simple. Esperar. Mirar. Disparar en el instante preciso. Evitaba la pose forzada. Prefería el gesto mínimo que delata carácter. La cámara funcionaba como instrumento de escucha. Cada retrato conserva una tensión contenida. No hay exageración. El blanco y negro elimina distracciones y deja solo estructura, piel, tela, sombra.
En 1960 emprendió un recorrido por carreteras, estaciones de tren y bares junto al periodista Joachim-Ernst Berendt. El resultado fue Jazzlife, un libro que registró el pulso del jazz en distintas ciudades. No se trató de una postal turística. Fue una inmersión en camerinos estrechos, ensayos agotadores y trayectos nocturnos. Jazzlife quedó como documento central dentro de la fotografía musical. Aún hoy circula como referencia obligada para quienes estudian la imagen asociada al sonido.
Claxton no limitó su campo al circuito jazzístico. Las redacciones de Life, Esquire, Harper’s Bazaar y Vogue solicitaron su trabajo. Frente a su lente pasaron figuras del cine y la cultura popular. Steve McQueen aparece en sus imágenes con una serenidad tensa. Marlon Brando muestra un rostro sin máscara. Janis Joplin queda capturada en un instante de intensidad cruda. Nico surge envuelta en una atmósfera fría y distante.
El fotógrafo entendía que cada sesión implicaba una negociación silenciosa. El retratado ofrecía una imagen pública. Claxton buscaba una grieta. Allí instalaba su encuadre. No imponía dramatismo. Permitía que la situación revelara su propia densidad. Esa actitud le dio una marca reconocible. Elegancia sin exceso. Claridad formal. Atención constante al detalle.
Su archivo compone un mapa cultural de varias décadas. Documenta un periodo donde la música transformó hábitos y la industria editorial amplificó rostros hasta convertirlos en emblemas. Las fotografías no celebran ni juzgan. Registran. Funcionan como evidencia de una época irrepetible.
La selección que hoy presentamos reúne algunas de sus imágenes más contundentes. Cada una resume una manera de mirar. En ellas se percibe una ética de trabajo basada en disciplina y respeto por el sujeto. Claxton no pretendía dominar la escena. Se integraba en ella. Desde esa posición construyó un legado visual que sigue influyendo en fotógrafos, diseñadores y editores.
El hombre de Pasadena comprendió que la cámara podía fijar un compás, un silencio, una respiración antes del aplauso. Dejó constancia de cuerpos atravesados por música y de celebridades enfrentadas a su propia imagen. Su obra permanece abierta, lista para ser observada con la misma atención que él dedicó a cada disparo.

De las grandes figuras del diseño hecho con genialidad (virtud de la inteligencia), Alan Fletcher (Kenya 1931-Londres 2006) es una de las máximas referencias. Su aportación a la disciplina del diseño gráfico tiene como sustancia su gran educación visual. En 1972 funda junto a Theo Crosby y otros colegas la más prestigiosa firma de diseño: Pentagram. The Art of Looking Sideways, es uno de sus grandes legados, libro conformado por 1064 páginas, en el cual se refleja su agudo conocimiento de la historia del arte. Entre sus trabajos notables podemos encontrar el logotipo para la agencia de noticias Reuters, la imagen para el Victoria and Albert Museum y en su infinito portafolio aparece la portada del libro de Francis Newton, The Jazz Escene, publicado por Penguin Books en 1961.
Germán Montalvo
La noche del jueves 15 de enero en el Jazz Room de Sibarita tuvo ese aire discreto que solo el jazz sabe imponer cuando se escucha con atención. No hubo estridencias ni necesidad de anunciarlas. Bastó que el Brandon Hernández Jazz Trío tomara sus lugares para que el espacio, íntimo y casi a oscuras, se ordenara alrededor del sonido.
Abrieron con Bolivia, de Cedar Walton, y desde los primeros compases quedó claro que no se trataba de una ejecución mecánica, sino de una conversación medida. El bajo marcó el pulso con una serenidad firme; la batería, contenida, parecía más sugerir que afirmar. El piano —siempre atento— tejía las frases sin prisa, dejando respirar cada idea.
Stella by Starlight, atribuida aquí a Benny Wolson, fue el punto de mayor recogimiento. El trío optó por una lectura sobria, casi introspectiva, que obligó al público a escuchar sin distracciones. Nadie habló. Nadie interrumpió ese pacto silencioso entre músicos y oyentes.
Con Wee See, de Thelonious Monk, llegó el cierre: irregular, juguetón, ligeramente incómodo, como debe ser. Las síncopas y los silencios fueron tan importantes como las notas mismas. Al final, los aplausos no rompieron el clima; lo confirmaron. Fue una noche breve, precisa, y por eso mismo memorable.
Miles Jazz Club nace para que los amantes del jazz, los músicos y quienes gustan de este género musical, tengan un espacio en donde se puedan compartir artículos, música e información que permita preservar al jazz y lo que significa para quienes disfrutamos de este gran movimiento musical.”
Es por esto que nace la idea de hacer este club sin fines de lucro y al alcance de todo aquel que quiera integrarse a éste, para fomentar el compañerismo entre los artistas del jazz y que el público en general, pueda formar parte de este proyecto.
Bienvenidos todos al Miles Jazz Club.