Beyond the Blue Por José Agustín Ortiz

Una adictiva y punk canallada.

Agustín Ortiz

Durante mucho tiempo etiquetada cómo una especie de David Foster Wallace pop, la Norteamericana Jennifer Egan (1962) ha sabido sacudirse esa sombra a base de talento con una obra donde, gracias a esa voz maestra en lo metaficcional y humorístico, se ha coronado cómo una de las escritoras esenciales del siglo XXI.

Y fue precisamente gracias a El Tiempo es un Canalla (Premio Pulitzer y National Book Award en el 2011, traducida a nuestro idioma por Editorial Salamandra) que dejó de ser un secreto a voces para convertirse en alguien habitual en las listas de popularidad.

¡Y con razón!

Porqué detrás de esta novela-en-cuentos se erige un réquiem al rock y su cultura (ese que a veces parece estar siendo sepultado por lo electrónico, bailable y desechable) donde a través de 13 capítulos-historias nos encontramos con una serie de personajes a los cuales sus ansias de rebeldía, revolución y disidencia les han sido arrebatadas por la edad adulta, cruzándose a lo largo de sus páginas para, entre risas y tensión, asomarnos en estos personajes a un poco de nosotros; ya sean una cleptómana, un productor discográfico, una banda punk o un estafador viajando por el mundo, aquí se nos muestran vidas transfiguradas por el poder de la música en una novela polifónica llena de referencias musicales que, ojo, más que antojarse cómo mera data se traducen en contraseñas que guían a los personajes a través del tiempo.

Y a nosotros, lectores, a sonreír junto con ellos.

Porque a lo vivido ¿Quién le quita lo sonado?.

¿Qué escuchar?

Y si a algo suena este libro es sin lugar a dudas a esa obra maestra polimorfa y ecléctica lanzada por The Clash en 1980 y llamada London Calling; punk, disco, rockabilly, pop y demás estilos se unen en un álbum doble (que, conservando sus valores punk la banda insistió vender por el precio de un solo disco) donde aquel grupo comandado por Joe Strummer y Mick Jones maduran casando lo político con lo tarareable en su obra maestra, una donde la rabia nunca había sonado tan adictiva y que muestra porqué en los años 80 se ganaron el mote de la única banda que importa.

Y lo siguen siendo.

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