Jazz Clásico

Sinnerman, obra cumbre de Nina Simone y el soul eterno

Rodolfo Meléndez Sánchez

Nina Simone, en 1965, creó uno de los discos más importantes de la historia del jazz o, como ella decía, de la “música clásica negra”. Un trabajo espiritual en el que abordaba todos los dolores, penas y aflicciones de las personas afroamericanas en el para nada agradable panorama estadounidense que ha llevado hasta las últimas consecuencias todos los límites del racismo y el odio. Contrastando con su proyecto posterior, I Put a Spell on You, donde experimentaba con el sonido agringado de las big bands, Simone llega con nueve himnos que parecen sacados de los gritos desgarrados de las almas en pena de las personas que murieron encadenadas en los campos de algodón.

Todo el disco es un in crescendo moderado que te prepara para el gran final que es Sinnerman, una pieza de 10 minutos que muestra la habilidad de Simone de fusionar géneros como el jazz, el blues y el rock, inventándose uno nuevo en el camino. Un género que no podemos catalogar solo como arte, canción consciente o de protesta, sino, simplemente, como Simone.

Si nos ponemos exquisitos, Sinnerman es un góspel, inspirado en el libro del Éxodo. La canción es una súplica, una súplica del hombre pecador que huye de Dios, pero que es alcanzado por su ira en el día del juicio final.

En 1956, la Orquesta de Les Baxter hizo esta “primera versión” de la canción, de menor duración y con un arreglo de guitarra y trompetas. Sin embargo, la versión de Simone tiene partes diferentes en la letra. La original es mucho más detallada en cuestión de la historia, pero Simone, con su registro vocal superior, sabía que para transmitir el dolor y la desesperación del pobre pecador, tenía que gritar, trayendo una interpretación mucho más teatral, melodramática y, sobre todo, dolorosa en el mejor de los sentidos.

La madre de Simone era profundamente religiosa, y es probable que esta canción haya llegado a sus oídos por ella. Sin embargo, Simone tenía un tono pesimista (o más bien realista) de la vida y esto se ve reflejado en la canción, implementando técnicas como el scatting, la improvisación y las palmas tan características del góspel, que están tocadas de una forma casi arrítmica. Toda la canción es un caos hermosamente planificado que cierra por todo lo alto con los alaridos del pecador en medio de una tormenta representada por el increíble solo de batería.

Esta canción te hace desear estar en el infierno y en el cielo al mismo tiempo, tan ambivalente de carácter como lo era la propia Nina Simone.

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