
Huppert bajo Haneke: disciplina, y daño consensuado
Redacción
Isabelle Huppert en The Piano Teacher es alguien que ya llegó antes que todos. No entra en escena: ocupa el lugar. Erika Kohut enseña piano en Viena. Es eficiente. Cumple horarios. Corrige errores. Vive con su madre. Duerme ahí.

Haneke no la persigue con la cámara. La deja hacer. El plano aguanta. La violencia está en la repetición, en la forma en que Erika se controla para no perder el control. Se corta. Se observa. No hay trauma revelado. No hay discurso.
Huppert trabaja desde la negación. No concede empatía. No pide comprensión. Su personaje no quiere ser entendido. Quiere ejercer dominio, aunque sea sobre sí misma. El cuerpo es un instrumento más, como el piano. Se afina a golpes mínimos.
En el sex shop no provoca. Circula. La escena es seca. Los hombres miran al suelo. No saben qué hacer con una mujer que no está actuando para ellos. Erika no está ahí para participar de una fantasía ajena. Está registrando. Eso incomoda más que el sexo BDSM.

Walter aparece como una posibilidad. Joven, seguro, convencido de que entiende el juego. No lo entiende. Nadie se lo explica. Erika impone reglas que no se negocian. El encuentro sexual ocurre, pero no como él espera. Ella corta antes. No hay clímax. Hay excitación por el daño.
La relación avanza por inercia. Walter acepta cosas que no desea del todo. No por amor. Por curiosidad. Por orgullo. Cree que al final ella va a ceder. No sucede. La fantasía masculina de la mujer experimentada se desmorona rápido. Lo que encuentra no es libertad. Encuentra sus fetiches vueltos en su contra.

Huppert no envejece en pantalla. Tampoco rejuvenece. Su rostro parece fuera del calendario. Eso vuelve más inquietante a Erika. No hay etapa vital que la justifique. No es una crisis. Está enferma.
Haneke coloca a sus personajes en espacios limpios, ordenados, casi elegantes. Conservatorios, departamentos silenciosos. Luego los arroja a lugares funcionales, vulgares. Todo pertenece al mismo sistema. El deseo no libera.
Cerrar la historia habría sido una trampa. The Piano Teacher no busca una enseñanza. Advierte, que el daño puede ser metódico. El control también falla. Y hay personas que no piden nada, salvo que no las toquen donde no deben.




