Jazz Mexicano

Adrián Iaies: Ni estrella, ni promesa, solo jazzista

Rodolfo Meléndez Sánchez

Adrián Iaies es una figura construida desde el trabajo sostenido. Nació en Buenos Aires en 1960. Estudió composición con Manolo Juárez y desde adolescente entró al circuito profesional acompañando cantantes. A los 16 años ya estaba en un escenario con Manuela Bravo. No era una promesa, pero sí un músico en actividad.

Durante los años ochenta, su nombre circuló por espacios donde el jazz convivía con el pop, el rock y la canción melódica. Tocó con Julia Zenko, Silvina Garré y formó parte de la banda de Juan Carlos Baglietto. En paralelo, lideró proyectos propios orientados al jazz rock. Meridiano y Touch no fueron ejercicios laterales. Fueron una escuela que lo hizo agarrar callo. En esos grupos, Iaies trabajó con estructuras eléctricas, y ritmos marcados que más tarde contrastarían con su viraje hacia el formato acústico.

A partir de 1993, el pianista decidió concentrarse en el jazz tradicional, sin abandonar el cruce con otras músicas. Apareció el trío. Apareció el cuarteto. Empezó una etapa donde el piano volvió a ocupar el centro como parte de un sistema de diálogo con contrabajo y batería. La escena local respondió. Iaies se volvió un nombre reconocible en el circuito del jazz argentino.

El punto de inflexión llegó en 1997, con la formación del trío junto a Paco Weht y Oscar Giunta. Tomaban tangos clásicos y los trataban como estándares. Rearmonizaban. Abrían espacio para la improvisación. No se trataba de tocar tango con swing. Se trataba de pensar el tango desde el lenguaje del jazz. Nostalgias y otros vicios, grabado en vivo, funcionó como carta de presentación. Vendió más de lo habitual para un disco de jazz en Argentina y confirmó que había un público para esa propuesta.

Las tardecitas de Minton’s. Un disco doble, con composiciones propias y versiones con acento tanguero. Invitados, arreglos, un sonido más amplio. La crítica acompañó. El reconocimiento no fue solo local. La nominación al Latin Grammy y la elección como mejor disco de jazz por un diario de alcance nacional fueron el cambio de escala.

A partir de ahí, Iaies entró en una dinámica de producción constante. Grabó en Barcelona, reinterpretó repertorio de bandoneonistas históricos, trabajó en formato de cuarteto y volvió una y otra vez al trío. Las nominaciones, los premios y la aparición en Down Beat no modificaron su lógica de trabajo. Siguió grabando. Siguió girando. Siguió cambiando de formaciones.

En los años siguientes, creó su propio sello, sumó proyectos, armó nuevos grupos y amplió su campo de acción. No se limitó al escenario. Fue gestor cultural, director artístico de festivales y espacios públicos. Programó. Tomó decisiones que afectaron a otros músicos, no solo a su carrera.

También compuso para cine. Bandas sonoras, trabajos por encargo, música aplicada a imagen, como extensión de su lenguaje. En cada uno de estos frentes, Iaies mantuvo el piano como herramienta, y como monumento.

Su trayectoria responde a una acumulación de decisiones prácticas. Cambiar de formato. Releer el tango. Trabajar con músicos jóvenes. Armar grupos nuevos. Dirigir festivales. Adrián Iaies no construyó un sistema de trabajo que lo mantiene activo, visible y relevante dentro del jazz argentino y sus cruces con otras tradiciones.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *