Películas y series

Alejandro G. Iñárritu y Antonio Sánchez improvisaron la música de Birdman para construir el ritmo de la película

Rodolfo Meléndez Sánchez

Cuando Alejandro G. Iñárritu comenzó la producción de Birdman, tomó una decisión poco habitual para la música cinematográfica. El director descartó una banda sonora orquestal y apostó por una partitura basada casi por completo en la batería. El encargado de desarrollarla fue el músico mexicano Antonio Sánchez, baterista de jazz reconocido por su trabajo con Pat Metheny. El resultado surgió mediante sesiones de improvisación diseñadas para seguir el movimiento, la tensión y el ritmo interno de cada escena.

La propuesta respondía a la forma en que fue concebida la película. Birdman fue filmada para dar la impresión de transcurrir en un único plano continuo. Iñárritu explicó que necesitaba una música capaz de funcionar como un metrónomo narrativo. Su intención era aportar urgencia al recorrido del protagonista y conducir al espectador a través de la historia. Aunque la cinta incorpora fragmentos de Gustav Mahler, Sergei Rachmaninoff y Piotr Ilich Chaikovski, la batería sostiene la mayor parte del metraje.

Sánchez nunca había compuesto para cine cuando recibió la llamada del director. Ambos mantenían una amistad desde años atrás. El músico recordó que conoció el trabajo de Pat Metheny durante su adolescencia en Ciudad de México, cuando escuchaba un programa de radio conducido por el propio Iñárritu. Al recibir el guion aceptó participar, aunque inicialmente desarrolló un enfoque distinto al esperado.

Su primera propuesta asignaba patrones rítmicos específicos a cada personaje. Iñárritu rechazó esa idea y pidió abandonar cualquier estructura rígida. Buscaba una interpretación espontánea, orgánica e improvisada. La decisión modificó por completo el proceso creativo.

Director y músico trabajaron juntos en un estudio de Nueva York. Revisaron la película escena por escena. Iñárritu describía la acción antes de cada toma. Sánchez propuso un método sencillo. El director se colocó frente a la batería y levantaba la mano cada vez que el personaje cambiaba de espacio o de estado emocional. Cada señal indicaba una variación en la textura, la intensidad o el ritmo de la interpretación. El baterista afirmó que estaba acostumbrado a improvisar dentro del jazz, aunque nunca lo había hecho siguiendo imágenes cinematográficas.

Durante esas sesiones registraron alrededor de setenta piezas diferentes. Iñárritu utilizó ese material mientras avanzaba el montaje y comenzó a reorganizar cada fragmento según las necesidades dramáticas de la película. La música permanecía abierta a modificaciones incluso después de haber sido grabada.

El siguiente obstáculo apareció durante la mezcla. Ambos coincidieron en que la batería sonaba demasiado limpia. La calidad de la grabación no correspondía con el ambiente inestable que buscaba la película. Sánchez volvió a registrar todo el material en un estudio de Los Ángeles. Observó nuevamente las escenas y ejecutó cada pasaje con un sonido menos pulido, más áspero y con una afinación deliberadamente irregular.

La partitura se convirtió en la primera experiencia de Antonio Sánchez como compositor para cine. El músico explicó que siempre había prestado atención a las bandas sonoras debido a la influencia de su madre, crítica cinematográfica y colaboradora del Archivo Nacional de Cine de México. Aun así, reconoció que nunca imaginó desarrollar una obra construida únicamente con percusión. También consideró poco probable repetir un proceso semejante, ya que atribuye el resultado al involucramiento directo de Iñárritu en cada decisión musical durante la producción.

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