Jazz Contemporáneo

Gregory Porter y la maña de no cerrar nunca la canción

Rodolfo Meléndez Sánchez

Gregory Porter no encaja del todo en una sola categoría y parece no estar interesado en hacerlo. Ganó un Grammy en 2013 por Liquid Spirit, pero ese reconocimiento no lo empujó a fijar una identida. Porter sigue describiéndose como un cantante de jazz, aun cuando su música circula por el soul, el gospel y la canción social.

Creció en Bakersfield, California, en una casa donde la ausencia del padre y la presencia constante de su madre, Ruth, predicadora, fue una clave importante en su formación ética y musical. La iglesia fue su primer espacio de escucha. Ahí aprendió a cantar. El repertorio que lo marcó venía de la mezcla de: Donny Hathaway, Marvin Gaye, Bill Withers, Abbey Lincoln. Música con fe.

Porter habla de los años setenta como un momento de optimismo vigilado. No ingenuo. Un tiempo donde la idea de avanzar todavía parecía posible. Ese pulso atraviesa sus canciones. No ignora la violencia, el racismo o la desigualdad, pero tampoco se instala en la denuncia directa. Prefiere contar historias. Cree que el sermón cansa. El relato permanece.

Su manera de escribir sigue esa lógica. Evita la resolución obvia. Cambia una nota cuando se espera otra. Desplaza el ritmo. Lo hace para incomodarse un poco y al público. Dice que ahí aparece la huella personal. Lo perfecto, para él, es sospechoso.

Aunque su voz llena teatros y auditorios, Porter insiste en trabajar como músico de jazz. Improvisa, llega antes o después del pulso, mueve las frases. El término “jazz” le resulta limitado para algunos oyentes, pero lo defiende como una práctica abierta, no como un estilo fijo. En ese sentido, se siente parte de una generación que amplía el estilo.

Incluso cuando aborda territorios previsibles, como un disco navideño, incomoda. Christmas Wish no se refugia en la nostalgia. Habla de hambre, de carencias, de mirar y no poder desver. Recuerda una Navidad en la que su madre cocinó para la familia y luego les pidió regalarlo todo antes de comer. Ese gesto estructura varias de sus canciones. Compartir primero. Celebrar tal vez.

Antes de dedicarse por completo a la música, Porter fue linebacker universitario. Una lesión en el hombro terminó con esa carrera. Durante la rehabilitación empezó a cantar en clubes de jazz. Ahí fue visto por Kamau Kenyatta, quien se convirtió en su mentor. Desde entonces, Porter avanzó sin prisa, armando una obra consistente y un grupo estable. Mantiene a los mismos músicos por confianza. Cree que solo así se puede arriesgar de verdad. Manteniendo la canción abierta.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *