
Melba Liston: trombones y big bands
Rodolfo Meléndez Sánchez
En las décadas donde las grandes orquestas de jazz parecían clubes privados para hombres con ego, humo y trajes caros, Melba Liston apareció con un trombón en las manos y arreglos imposibles de ignorar. Nació en Kansas City en 1926. A los siete años vio el instrumento por primera vez en una escuela y decidió que quería tocarlo. Hubo una obsesión inmediata. Terminó convirtiéndose en la primera mujer trombonista dentro de una big band de jazz.

Mientras otros músicos gastaban saliva hablando sobre genialidad, Liston trabajaba. Durante la secundaria ya tocaba profesionalmente en el Lincoln Theater de Los Ángeles. Después llegó a la orquesta de Gerald Wilson, donde comenzó a escribir arreglos y a moverse entre músicos veteranos que no estaban muy cómodos viendo a una mujer ocupar espacio en la sección de metales. Su amiga, la saxofonista Vi Redd, recordaba que Liston siempre iba adelante del resto. Los demás intentaban alcanzarla mientras ella ya estaba pensando en otra estructura musical.
Cuando la banda de Wilson desapareció en 1948, Dizzy Gillespie la llamó para integrarse a su grupo. Algunos músicos no querían compartir escenario con ella. La historia clásica del jazz. Mucho discurso sobre libertad artística y muy poca tolerancia dentro de los camerinos. Liston respondió trabajando más duro. Sus arreglos eran complejos, tensos y detallados. La trompetista Clora Bryant decía que Melba no escribía música fácil. Tampoco parecía interesarle agradar.

Durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta tocó con nombres gigantescos como Quincy Jones, Clark Terry y Count Basie. También realizó arreglos para artistas como Billie Holiday y Marvin Gaye. Lo hizo en una industria donde muchas veces a las mujeres les permitían cantar, posar o quedarse calladas. Ella eligió escribir partituras para enormes ensambles y dirigir sesiones enteras.
A principios de los cincuenta abandonó temporalmente la música. Terminó haciendo trabajos administrativos y pequeños papeles en películas de Hollywood. El jazz no pagaba demasiado y el ambiente agotaba. Gillespie volvió a buscarla a mediados de esa década para una gira organizada por el Departamento de Estado de Estados Unidos en Asia y Medio Oriente. Regresó al circuito musical en 1958 y grabó Melba and Her Bones, el único disco que lanzó como líder.

Ese mismo año conoció al pianista Randy Weston en Nueva York. La relación artística entre ambos duró casi cuarenta años. Weston incorporaba sonidos del norte y oeste de África. Liston transformaba esas ideas en arreglos amplios y agresivos para grupos grandes. De esa colaboración surgieron álbumes como The Spirits of Our Ancestors y Volcano Blues. Weston admitía que nunca había escuchado a una mujer tocar trombón de esa manera.
En los años setenta y ochenta lideró sus propios proyectos y también enseñó música en instituciones como la Universidad de California en Los Ángeles. En 1985 sufrió un derrame cerebral que la dejó parcialmente paralizada. Ya no podía tocar. Siguió escribiendo arreglos con ayuda de una computadora. Continuó trabajando para Gillespie y Weston hasta sus últimos años.
En 1987 recibió el reconocimiento Jazz Masters del Fondo Nacional para las Artes. Murió el 23 de abril de 1999 en Los Ángeles, después de varias complicaciones de salud. Su nombre sigue apareciendo en conversaciones serias sobre arreglos de jazz, aunque durante décadas muchos prefirieron mirar hacia otro lado.



