Jazz Mexicano

Historia del jazz en México

Rodolfo Meléndez Sánchez

El jazz surgió de procesos culturales ligados al mundo atlántico y a la diáspora africana. Ramiro Hernández Romero señala que las primeras bases de esta música aparecieron en comunidades africanas trasladadas por la esclavitud a América. Esos grupos desarrollaron recursos musicales que luego formarían parte del lenguaje jazzístico. Entre ellos se encuentran la síncopa, la polirritmia, el canto melismático y el uso de notas moduladas conocidas como blue notes. Durante el periodo que va de 1900 a 1960 estas mezclas se expandieron por diversas ciudades. En México el crecimiento alcanzó un punto alto durante los años sesenta, etapa que se extendió cerca de una década. Después apareció una caída vinculada con falta de espacios, desinterés de la industria discográfica y escasa atención institucional hacia los músicos del género.

Hernández Romero plantea que su desarrollo responde a procesos sociales amplios. Esas dinámicas incluyen factores culturales relacionados con raza, religión y migraciones. Desde el siglo XIX distintos pueblos africanos llevaron a América prácticas musicales que después se transformaron al entrar en contacto con tradiciones europeas. Las rutas coloniales establecidas por Inglaterra y Francia conectaron territorios de África occidental con América del Norte y el Caribe. En esos intercambios aparecieron formas que posteriormente derivaron en blues y jazz.

En el Caribe surgieron ritmos que fusionaron patrones europeos y africanos. De ese contacto nacieron expresiones como el son, el danzón y el mambo. Estas estructuras compartieron elementos rítmicos con la música afroamericana. Con el paso del tiempo se configuró una vertiente conocida como jazz latino. En México ambas corrientes convivieron y generaron nuevas interpretaciones. Algunas siguieron la tradición afroamericana mientras otras incorporaron la clave rítmica y ciclos armónicos propios de la música caribeña.

Músicos mexicanos viajaron a Nueva Orleans durante el siglo XIX y participaron en actividades musicales en esa ciudad. Uno de los episodios documentados es la presencia de la Orquesta del Octavo Regimiento de Caballería del Ejército Mexicano durante la Exposición del Algodón que concluyó en junio de 1885. Esa agrupación recorrió distintos espacios urbanos y ejecutó marchas, valses y contradanzas. El repertorio sorprendió al público local por el uso de instrumentos de viento y la organización orquestal. Investigaciones citadas por Hernández Romero señalan que estas presentaciones influyeron en agrupaciones afroamericanas activas a inicios del siglo XX.

Otras agrupaciones mexicanas también participaron en esa red musical. La Orquesta Típica Mexicana visitó Nueva Orleans en julio de 1885 y estableció vínculos con intérpretes locales. En ese entorno coincidieron músicos afroamericanos, caribeños y latinoamericanos. La circulación de repertorios incluyó música popular, piezas académicas y ritmos de baile. En el Caribe la labor del pianista Louis Moreau Gottschalk también difundió composiciones europeas y habaneras. Sus conciertos en La Habana durante 1854 mostraron ese intercambio entre tradiciones musicales. Parte de esas estructuras terminaría vinculada al ragtime, forma que permitió posteriores improvisaciones dentro del jazz.

A finales del siglo XIX el diálogo entre músicos cubanos, mexicanos y afroamericanos era frecuente. El pianista Jelly Roll Morton sostuvo que el toque hispano resultaba esencial en la música jazzística. Esa influencia aparece en composiciones de Scott Joplin como Solace de 1909, donde el bajo utiliza el ritmo de habanera. Otras piezas de ragtime incorporaron patrones rítmicos derivados de la contradanza y del tresillo cubano. Morton mantuvo vínculos con México y llegó a tocar piano en el Kansas City Bar de Tijuana después de trasladarse desde Nueva Orleans.

Durante el periodo revolucionario el jazz circuló en ciudades fronterizas como Tijuana y Ciudad Juárez. En la década de 1920 Morton regresó a Tijuana y compuso la pieza Las perlas dedicada a una trabajadora del bar donde se presentaba. En esos años el género también se escuchó en Durango, Tamaulipas, Nuevo León, Puebla y Chiapas. La Ciudad de México adquirió un papel central en la actividad musical. En sus salones de baile se popularizaron ritmos como foxtrot, shimmy y jazz. Entre 1919 y 1927 surgieron agrupaciones como All Nuts Jazz Band, Los Siete Locos del Jazz, Winter Garden Jazz Band y Norman King.

Entre 1919 y 1925 la estación XYZ transmitía orquestas de jazz provenientes de Nueva Orleans y grupos mexicanos. Más tarde la emisora XEW incorporó conjuntos en distintos programas. Estas empresas contrataron músicos y directores que desarrollaron estilos cercanos al swing. Entre ellos figuraron Gonzalo Curiel, Pablo Beltrán Ruiz, Juan García Esquivel y Luis Arcaraz. A partir de la década de 1940 el intercambio con Estados Unidos se intensificó y generó nuevas combinaciones musicales.

Bares y hoteles de la capital ofrecían presentaciones de pequeños grupos conocidos como combos. En esos espacios se difundieron estilos como bebop y cool jazz. Sin embargo, parte de la élite política mantuvo una postura crítica hacia estos ambientes. El regente capitalino Ernesto Peralta Uruchurtu impulsó políticas de control sobre espectáculos nocturnos con el argumento de proteger las costumbres sociales. A pesar de esas tensiones, entre 1955 y 1965 el jazz tuvo una etapa de actividad intensa en hoteles y universidades.

Movimientos sociales como el ferrocarrilero de 1958 y 1959, el médico de 1964 y 1965 y el estudiantil de 1968 alteraron el panorama cultural. Parte del público redujo su asistencia a espacios musicales. El jazz mantuvo presencia en la vida urbana mexicana, aunque sin recuperar el lugar que ocupó durante el periodo de mayor actividad a mediados del siglo XX.

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