
Godard retrató el vacío político y sexual de París en “Masculin Féminin”
Rodolfo Meléndez Sánchez
La película Masculin féminin apareció en 1966 como una radiografía seca de la juventud francesa. Dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por Jean-Pierre Léaud y Chantal Goya, la cinta mezcló política, sexo, consumo y hastío dentro de un París saturado de anuncios, cafés y discusiones ideológicas. Godard trabajó sin guion formal. Llevaba un cuaderno espiral lleno de notas escritas durante la noche anterior. Filmó con luz natural y un equipo mínimo. El resultado parece un expediente policial armado con conversaciones rotas y rostros cansados.

La historia sigue a Paul, un joven recién salido del servicio militar que busca trabajo mientras intenta acercarse a Madeleine, cantante pop influida por la cultura yeyé. Los personajes hablan sobre Vietnam, anticonceptivos, Bob Dylan, Charles de Gaulle y Coca-Cola con la misma frialdad con la que piden cigarrillos o café. En un restaurante una mujer dispara a su pareja. Más tarde otro hombre se apuñala frente a Paul. Después alguien se prende fuego para protestar contra la guerra en Vietnam. Godard registra todo.
La película se divide en entrevistas estilo documental donde los personajes responden preguntas sobre amor, política y deseo. Paul trabaja realizando encuestas para IFOP. Descubre que la gente responde lo que cree correcto y no lo que piensa. El filme convierte esas entrevistas en un catálogo de contradicciones juveniles. Muchachos que hablan de revolución mientras consumen productos estadounidenses. Chicas obsesionadas con discos pop y fama televisiva. Godard resumió esa generación con una frase que aparece entre capítulos. “Los hijos de Marx y Coca-Cola”.

El rodaje comenzó en noviembre de 1965. El productor Anatole Dauman había pedido inicialmente una adaptación de relatos de Guy de Maupassant. Godard descartó casi todo el material original durante la filmación. Solo conservó el nombre del protagonista y algunas ideas menores. Quería capturar el ruido mental de Francia antes de Mayo del 68. Una nación donde los jóvenes discutían sobre comunismo mientras escuchaban sencillos editados por RCA Records.
Brigitte Bardot y Françoise Hardy aparecen brevemente. También surge una referencia constante a Bob Dylan, descrito en la cinta como un “Vietnik”. Godard usa íconos pop como residuos culturales flotando sobre un continente nervioso. Los personajes parecen agotados antes de cumplir treinta años. Caminan entre carteles publicitarios y humo de tabaco. Hablan mucho. Escuchan poco.

En Francia la película fue prohibida para menores de 18 años debido a su contenido sexual. Godard se molestó porque precisamente ese público era el objetivo principal del proyecto. La crítica respondió de manera dividida. Algunos periodistas celebraron la capacidad de la película para hablarle a los jóvenes. Otros la atacaron por fragmentada y sexualmente incómoda. Décadas después la recepción cambió. El filme obtuvo reconocimiento internacional y terminó convertido en una de las obras más estudiadas de la Nouvelle Vague.
En 1966 ganó el premio a Mejor Película para Jóvenes en el Festival de Berlín. Léaud recibió el Oso de Plata como Mejor Actor. La cinta sigue funcionando como documento de una época enferma de consumo, ansiedad política y soledad urbana.




