Beyond the Blue Por José Agustín Ortiz

La forja de Patti

Agustín Ortiz

El flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes 2026 a Patti Smith ha vuelto a colocar bajo el reflector a una de las artistas más vitales que dio a luz el siglo XX, una que, lejos de las modas pasajeras, ha permanecido latiendo aún en la dicha íntima de aquella que lo vio todo y vivió para contarlo.

Porque, sobre todas las cosas —madrina del punk, poeta, cantante y tótem para una generación de artistas como Michael Stipe, Fiona Apple, Tori Amos o Courtney Love—, hablar de Patti Smith es hablar de una ARTISTA, alguien a quien aquello de “genio y figura”, lejos de ser un insulto, define a la perfección, porque detrás de ese cuerpo delgado y frágil se encuentra una de las almas más incandescentes que han alumbrado la cultura.

Y es en su primera memoria, la esencial Just Kids (2010), donde en su origen encontramos destino: chica de pueblo chico que, al lado de quien entonces era su novio —el formidable y sensible fotógrafo Robert Mapplethorpe— llega a la gran ciudad, a esa New York dispuesta a conquistarla con su ronco pecho y su lírica.

Pero las cosas no empiezan del todo bien.

Pero ella no está sola.

Y, sobre todo, sabe que se tiene a sí misma.

Y eso le basta.

Entre memorias, rupturas, amoríos, conciertos e iluminaciones, vamos contemplando no solo la forja de una artista, sino el inicio de una voz muy suya, única, cuyo eco sigue acompañándonos hasta nuestros días.

¿Qué escuchar?

Pocos debuts han sido tan grito de batalla como lo fue Horses (1975), dos años antes de que el punk tomara al mundo por asalto desde el legendario CBGB de New York. Punk como actitud, no tanto como estilo sino como credo, en nueve tracks producidos por el muy cool-to John Cale —ex integrante de The Velvet Underground y productor de inicios tan esenciales como los de ella, Iggy Pop y Jonathan Richman—, donde, al lado de la guitarra de Lenny Kaye y envuelta en esa andrógina portada fotografiada por Mapplethorpe, la voz de Smith se tuerce y emociona mientras salta en letras que trascienden, pudiéndose poner al tú por tú en la misma mesa que Dylan y Rimbaud.

“Jesus died for somebody sins but not mine”.

Y uno le cree. Y lo jura. Y vuelve a este, un disco que acompaña y no se olvida.

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