
¿Realmente existe el jazz latino?
El jazz latino surgió de varias décadas de intercambio musical entre el Caribe, México y Estados Unidos. Sus antecedentes aparecen desde el siglo XIX, cuando músicos y tradiciones procedentes de Cuba, Puerto Rico, Venezuela y México comenzaron a circular por ciudades estadounidenses. Nueva Orleans se convirtió en uno de los principales puntos de contacto. La habanera, la contradanza y otras formas de música caribeña llegaron a la ciudad y comenzaron a relacionarse con las expresiones que dieron origen al jazz.

En 1809 llegaron a Nueva Orleans refugiados procedentes de Cuba, algunos de ellos descendientes de personas que habían huido de la revolución de Saint-Domingue. Durante el siglo XIX, los cabildos afrocubanos conservaron prácticas musicales y religiosas de pueblos africanos como los lucumí, carabalí, arará y kongo. Esas tradiciones influyeron en la música y la danza cubanas. Entre las décadas de 1840 y 1890, la habanera también tuvo presencia en Nueva Orleans. La circulación musical alcanzó México y Estados Unidos mediante diferentes rutas comerciales, migratorias y culturales.
La relación entre México y Nueva Orleans tuvo un papel relevante. El compositor y guitarrista mexicano Miguel Arévalo llevó la habanera a Los Ángeles en 1871. En 1884 y 1885, una banda militar mexicana participó en la Exposición Mundial del Algodón y la Industria de Nueva Orleans con un repertorio basado en la danza cubana y la habanera. Florencio Ramos, integrante de esa agrupación, es considerado el primer saxofonista de Nueva Orleans. En 1891 la banda volvió a la ciudad bajo la dirección de Encarnación Payen.

A comienzos del siglo XX, la conexión continuó. W. C. Handy conoció la música cubana durante un viaje a la isla en 1900 y utilizó la habanera como referencia para “St. Louis Blues”. En 1914 ya existía en Cuba una agrupación llamada Sagua, dirigida por un músico que había estudiado en Estados Unidos. Durante las décadas de 1920 y 1930 también aumentó la presencia del son, la rumba y otras expresiones caribeñas en el circuito musical estadounidense.
El proceso tomó otra dimensión durante los años cuarenta. En Nueva York, músicos cubanos y estadounidenses comenzaron a trabajar directamente con ritmos afrocubanos. Machito creó los Afro-Cubans en 1940 y Mario Bauzá asumió la dirección musical al año siguiente. En 1945 la agrupación grabó “Tanga”, una pieza considerada fundamental dentro del desarrollo del jazz afrocubano. En 1946, el percusionista Chano Pozo llegó desde La Habana a Nueva York. Un año después grabó “Manteca” con Dizzy Gillespie, una de las composiciones centrales de esta etapa.

Los instrumentos de percusión adquirieron una función decisiva. Congas, bongós, timbales, claves, maracas y güiros comenzaron a integrarse en agrupaciones de jazz. El intercambio también alcanzó a músicos como Charlie Parker, quien grabó “Mango, Mangüé” con Machito y los Afro-Cubans en 1948. En Cuba, mientras tanto, músicos como Bebo Valdés experimentaban con armonías de jazz, blues y tradiciones locales.
Durante los años cincuenta, el mambo amplió el público de estas expresiones. Dámaso Pérez Prado recorrió Estados Unidos con su orquesta y el género llegó a escenarios como Carnegie Hall, el Apollo Theatre y el Paramount Theatre. En 1952, Bebo Valdés registró “Con Poco Coco”, considerada la primera descarga afrocubana grabada. También aparecieron trabajos de Cal Tjader, George Shearing, Art Blakey y otros músicos interesados en los ritmos latinoamericanos.
En los sesenta y setenta el género siguió expandiéndose. La bossa nova brasileña, el tango argentino, la cumbia colombiana y otras tradiciones ingresaron al repertorio de músicos de jazz. En 1963, Stan Getz trabajó con João Gilberto y Antonio Carlos Jobim. En 1974, Wayne Shorter, Herbie Hancock y Milton Nascimento grabaron Native Dancer. Ese mismo año, Astor Piazzolla registró Reunión Cumbre con Gerry Mulligan, integrando tango y jazz.
Para los años noventa, el jazz latino tenía una presencia internacional amplia. Artistas como Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Paquito D’Rivera, Michel Camilo y Danilo Pérez ampliaron sus posibilidades. En 1995, los Grammy establecieron una categoría específica para el género y Arturo Sandoval ganó el primer premio por Danzón. Desde entonces, músicos de distintas regiones continuaron incorporando elementos de sus propias tradiciones.
La exposición Latin Jazz
La Combinación Perfecta, desarrollada por el Smithsonian Institution Traveling Exhibition Service, documentó este proceso mediante instrumentos, fotografías, partituras, grabaciones, mapas y testimonios. El proyecto abrió al público el 17 de octubre de 2002 en el Smithsonian’s Arts and Industries Building y recorrió Estados Unidos y el Caribe.



